LA LENGUA Y LAS BESTIAS

“Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza”.

Por Quim Torra, 19/12/2012

En casa de mis padres corría un viejo ejemplar de un libro que todos los hermanos teníamos que leer: De cuando las béstias hablaban, de manuel Folch i Torres. Nuestro padre era inflexible y, como con La rosa y el anillo de Thackeray y con Bolavà de Josep Maria Folch I Torres, consideraba que uno no podía hacerse adulto sin haberlos leido. Era un libro delicioso de lechuzas, osos, elefantes, cervatillos y escarabajos que hablaban, una recopilación de fábulas destinadas a la educación infantil.

Ahora miras a tu país y vuelves oir hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, escorpiones, hienas. Bestias con forma humana, que escupen odio. Un odio perturbado, naseabundo, como de dentadura postiza con verdín, contra todo lo que representa la lengua.

Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay alguna cosa freudiana en estas bestias. O un pequeño salto en su cadena de ADN. ¡Pobres indivíduos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente lo catalán. Les genera urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano.

Tienen nombres y apellidos, las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan, las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Una de ellas protagonizó el otro día un incidente que no ha llegado a Cataluña y que merce ser explicado, como un ejemplo extraordinario de la bestialidad de estos seres. Pobres bestias, no pueden evitarlo.

Una de las pocas compañías aéreas que vienen aceptando con normalidad el catalán es Swiss. Si alguna vez han tomado uno de sus vuelos a la vieja Confederación, habrán constatado com se utiliza nuestra lengua en el despegue o aterrizaje del aparato. Una excepción, ya que, desgraciadamente, con el resto de compañías venimos siendo tratados exactamente como lo que somos, la última colonia en territorio europeo.

Pues bien, hace una par de semanas viajaba en un vuelo de Swiss, una de estas bestias. Al llegar a destino, se anúncia en catalán las típicas observaciones previas al aterrizaje. La bestia, automáticamente, segregó su rabiosa salivera. Un fuerte olor a cloaca salia de su asiento. Se removía, inquieta, deseperada, horrorizada por estar escuchando cuatro palabras en catalán. No tenía escapatoria. Una mocosidad sudorosa, como de sapo resfriado, le emanava de los sobacos. ¡Hay que imaginarse, a la bestia, después de tanto tiempo!, ellas que pueden vivir en su mundo español sin ningún problema, escuchando cuatro palabras en una lengua a la que odia. Indignada, decidió escribir una carta a un diario alemán de Zurich, quejándose del trato recibido ya que “se violaban sus derechos” dado que es el castellano la “primera lengua oficial de España”. Y, a toda plana, la queja de la bestia salió publicada.

Gracias a Dios, los buenos amigos del Casal Català de Zuric han replicado y han dejado las cosas claras (tantas embajadas y consulados de Mar y, mira tú, un pequeño Casal Català es quien se mobiliza gracias a la decencia y dignidad de sus miembos).

¿Pero por qué nos tenemos que mobilizar cada vez? ¿Cuando acabarán los ataques de las bestias? ¿Como podemos el 2008 aguantar tanta ofensa, tanta humillación y tanto desprecio?

Noticia original (EL MÓN – 09/12/2012)

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